jueves, 16 de julio de 2009

Recurrencia de tsunamis

Dos semanas atrás:

Estaba dentro de un edificio antiguo, como si fuera un museo, con una entrada grande con columnas. Salgo y veo una estampida de gente, así que me fijo qué es lo que pasa y veo que están huyendo de una ola gigantesca que se aproxima a gran velocidad. Trato de volver al edificio, pero no puedo correr, estoy como paralizada a mi pesar. Alguien me agarra de la mano y me lleva adentro un segundo antes de que pase la ola. El edificio es alto, así que apenas me mojo los pies.

Hace dos días:

También dentro de un edificio más o menos antiguo. Pero esta vez el interior es pequeño. Hay alguien conmigo, creo que es mi hermano. Me asomo y veo una ola inmensa que viene hacia donde estamos. No hay mucho más que hacer. La ola inunda el cuarto, siento la violencia del agua contra mi cuerpo. El agua llena la habitación y mi hermano y yo tenemos que salir nadando por la ventana.

martes, 16 de junio de 2009

Pochoclo I

Ga: estabas en Azul, conmigo y un chabón. Nos perseguía un equipo de gente armada, supongo que era la cana o algún otro escuadrón estatal. No recuerdo cómo llegábamos a esa situación, pero estábamos en mi casa, acorralados contra una ventana, y los que nos perseguían estaban a punto de llegar.
Así que lo hiciste, rompiste el vidrio y saltaste. El chabón y yo supimos que teníamos que saltar. Tuve miedo, pero lo hice. Al ir cayendo, primero vi la copa de un árbol, luego las ramas, el tronco. Pensé que me mataba, pero caí como agachada y apenas sentí el impacto.
No vi más al chabón, pero corrimos como locas porque era cuestión de segundos antes de que nos vieran, y no somos las mejores corredoras del mundo. Vos me seguías porque yo era la local. De repente se me ocurrió una idea: la casa de sepelios que está en la esquina de casa.
Había mucha gente afuera, casi como si fuera una fiesta. Mesitas, gente charlando, vasos de jugo semivacíos, un par de amas de casa con sus escobas. Atravesamos el gentío y entramos.
El interior era más bien como de una capillita, no una casa de sepelios, pero ni me lo pregunté. Nos sentamos al fondo, con la cabeza baja por las dudas.
En algún momento empezó la misa. Alguien pronunció un recordatorio sobre Luciano Arruga (sí, me sorprendió un poco) y cuando terminó, pensé en cuán ridículo iba a ser tener que fingir que participábamos de la ceremonia para pasar desapercibidas. Estaba a punto de decirte que, como ex-católica, siguieras lo que yo hacía. Pero abrí los ojos y ya estabas lejos, a muchos barrios de distancia, y -espero- sin el SWAT sobre tu pista.